Breaking Down: Abismos y argumentos
Cada nuevo derrumbe ocurre en privado, acumulándose como fatiga emocional que nadie aplaude ni registra, romperse puede ser infinito; así lo describe “Breaking Down” de Florence + The Machine.
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Cada nuevo derrumbe ocurre en privado, acumulándose como fatiga emocional que nadie aplaude ni registra, romperse puede ser infinito; así lo describe “Breaking Down” de Florence + The Machine.
En aquellos días sonaba en la radio “Return to Innocence”, de Enigma, que hoy se escucha y se percibe de forma distinta. Dentro de otros 32 años, esa letra no sonará como una promesa, sino como una ironía suave y cruel.
“Skyfall” de Adele, que es la canción para una película del mismo nombre de James Bond, trata del momento en que el mundo conocido colapsa: instituciones, vínculos, certezas, y aún así, alguien decide permanecer en pie.
—La verdad, no sé si me gustaría verlos en vivo —le dije con franqueza. —Creo que debemos ir; recuerda que es por cultura general —insistió. ¿El resultado? Uno de los mejores conciertos a los que he asistido: James en el Plaza Condesa con una de mis favoritas “Just Like Fred Astaire”.
“Auschwitz” de Winter Family que ofrece una perspectiva extraña a lo sucedido en esos lugares: la mirada de ensueño de una pequeña.
No protegerse, sino mutilarse lentamente para no sufrir de golpe. El amor no murió: fue administrado hasta desaparecer. El futuro de “Don’t Delete the Kisses” de Wolf Alice.
Porque huir es perderse… y alejarse, aunque duela, es finalmente encontrarse. En “Why?” de Devin Townsend toca este tema: ¿huir o alejarse?
“Unbelievable” de EMF permanece en mis gustos porque quedó anclada a un momento preciso de aprendizaje y descubrimiento, en ese cruce entre la curiosidad infantil y el ruido del mundo adulto.
“Trashed” de Black Sabbath difícilmente habría existido hoy… ni siquiera el álbum que la contiene. Hoy existe una menor tolerancia al error público, el contexto cultural actual exige explicación, disculpa y control.
¿Cuántas oraciones estamos dispuestos a robar para negar a Dios? El guitarrista Robert Johnson sabía el número exacto, pues la leyenda dice que vendió su alma al diablo para tocar mejor, él lo explica en “Me and the Devil Blues”.