La relación con la música es un doble hechizo: uno que lanzamos… y otro que nos lanzan.
Hay días en que elegimos qué escuchar, como quien abre una ventana precisa del alma; pero hay otros en los que una canción llega sin pedir permiso. Aparece justo cuando algo dentro de nosotros se rompe o se enciende, y ahí no elegimos nada: ella nos eligió primero.
A veces incluso puede quedarse años guardada en algún limbo que desconocemos para regresar en el instante exacto y ofrecer nuevos significados… incluso cuando ya tenía otros viejos. Llegan así, de manera quirúrgica. No las buscaste, y de pronto parecen escritas para ese momento. Como si la vida las pusiera en tu camino para ayudarte a entender algo que aún no sabías formular.
Y luego están las otras: las que buscamos, las que perseguimos, las que coleccionamos porque ya forman parte de nuestro mapa interior. Esas también nos eligen, pero despacio, como una complicidad que se construye.
“Pounding”, de Doves, llegó a mí en 2002 como una recomendación en la televisión. Me fascinó la hipnótica insistencia de su ritmo… y después la olvidé durante años, hasta hace unas semanas. La canción fue el segundo sencillo del álbum The Last Broadcast, lanzado el 22 de julio de 2002 en Reino Unido.
“I can’t stand by, see you destroyed
I can’t be here and watch you burning
You lie for a moment, you lie as a decoy
Does it matter if I give in easy
So why is it so hard to get by?And I said
We so down
But it’s now or never, baby
We don’t mind
If this don’t last forever
See the light
But it won’t last forever
Seize the time
Cause it’s now or never, baby”
“No puedo quedarme de brazos cruzados, verte destruida.
No puedo estar aquí y mirar cómo te consumes.
Mientes por un momento, mientes como señuelo.
¿Importa si cedo con facilidad?“Entonces, ¿por qué es tan difícil seguir adelante?
Y dije:
‘Estamos tan hundidos,
pero es ahora o nunca, cariño’.
No nos importa
si esto no dura para siempre.
Vemos la luz,
pero no va a durar para siempre.
Aprovecha el momento,
porque es ahora o nunca, cariño”
Esa urgencia porque algo, lo que sea, suceda.
Un modesto himno de resistencia, de celebración vitalista. ¿Aprovechar el momento? ¿Superar la adversidad? Es esa insistencia del movimiento que no pide permiso.
La música es, al final, una danza: tú eliges la música que necesitas; la música te elige cuando la necesitas más de lo que creías. Y si ha pasado más de una vez… es verdad.


“No puedo quedarme de brazos cruzados, verte destruida.