Uno no se derrumba una sola vez: se derrumba por capas.
La primera vez es estruendosa, visible, casi teatral; las siguientes son silenciosas, domésticas, imperceptibles para los demás. Aprendes a caminar mientras algo dentro se agrieta, a hablar mientras el pensamiento se deshilacha, a sonreír mientras el cuerpo ya ha asumido que el colapso no es un accidente, sino un estado recurrente.
Por eso se puede caer tantas veces: porque el mundo no se detiene para certificar la ruina interior. Te exige seguir, producir, responder, existir. Cada nuevo derrumbe ocurre en privado, acumulándose como fatiga emocional que nadie aplaude ni registra.
Ver a alguien con los ojos cerrados no es romanticismo: es persistencia neuronal. La mente conserva presencias que el cuerpo ya perdió, las fija en los bordes de la memoria como una figura que siempre regresa desde el umbral de la habitación.
Incluso cuando se intenta olvidar, el recuerdo no desaparece; se reorganiza. Aparece en la penumbra, en la rutina, en el instante en que el cansancio baja la guardia.
No importa si los ojos están cerrados: lo que duele no necesita luz para existir. La imagen permanece porque fue emocionalmente significativa, y el cerebro, cruel y eficiente, prioriza lo que dejó marca sobre lo que solo pasó.
Romperse… Una y otra vez.
Florence Welch, vocalista y principal colaboradora de Florence + the Machine, escribió gran parte de su álbum debut, Lungs , sobre la ruptura con su novio de muchos años, Stuart Hammond. Posteriormente, la pareja hizo las paces y volvió a estar juntos, pero finalmente volvieron a separarse.
“Breaking Down” evoca tanto la fragilidad mental como los miedos infantiles.
“Sentí que me estaba derrumbando varias veces, es cierto. Me sentí fatal”, expresó. “Completamente sola. Incluso de niña, siempre supe que había algo que temer”.
El videoclip clásico de la canción incluye imágenes de la gira de la banda por Estados Unidos, donde vemos fragmentos de Welch y compañía en Los Ángeles, Las Vegas y Nueva Orleans.
El estado de quiebre que las letras contienen apenas es contenido por los coros etéreos.
“And I can see you coming from the edge of the room
Smiling in the streetlight
Even with my eyes shut tight
I still see you comingOh, I think I’m breaking down again
Oh, I think I’m breaking down again”
(Y puedo verte venir desde el borde de la habitación,
sonriendo bajo la luz de la farola,
incluso con los ojos bien cerrados
aún te veo acercarte.Oh, creo que me estoy derrumbando otra vez,
oh, creo que me estoy derrumbando otra vez)
Y así… la caída al abismo sigue.
Así seguimos viéndolos: no porque sigan ahí, sino porque algo en nosotros se niega a aceptar el vacío definitivo.
La memoria es más obstinada que la realidad. Sonríen en recuerdos que ya no les pertenecen, caminan hacia nosotros desde un lugar que solo existe en la mente, y cada aparición confirma una verdad incómoda: no estamos recordando a la persona, estamos recordando lo que fuimos cuando estaba.
Por eso el derrumbe se repite. No es que el dolor regrese; es que nunca se fue, sólo aprendió a esperar en silencio hasta que cerramos los ojos.

(Y puedo verte venir desde el borde de la habitación,