El silencio es necesario.

La mente humana necesita espacios sin estímulos para ordenar la experiencia, integrar recuerdos y encontrar sentido a lo vivido. En ese territorio sin interrupciones surge la introspección.

Creo firmemente que muchos de los conflictos humanos provienen de la incapacidad de permanecer a solas y en silencio.

El silencio protege la identidad frente al ruido de las voces ajenas.

Las opiniones, expectativas y juicios del entorno pueden convertirse en un murmullo constante que termina por confundir lo que uno es con lo que los demás esperan que sea.

En mi caso odio los ruidos de mi ciudad… además de ciertas voces ajenas que se han convertido en ruidos.

Esta es la atmósfera que sugiere “Everybody’s Talkin´”, una canción escrita por el compositor Fred Neil en 1966.  La versión del tema interpretada por Harry Nilsson, se convirtió en un éxito internacional en 1969, al ser incluida como tema principal de la banda sonora de la película Midnight Cowboy.

El tema fue grabado inicialmente por su compositor, Fred Neil y publicado en su álbum homónimo a comienzos de 1967. Neil compuso la pieza durante las últimas sesiones de grabación del álbum, ansioso por terminar el trabajo lo antes posible y regresar a casa.

Unos meses más tarde, el cantante Harry Nilsson, que andaba a la búsqueda de un sencillo de éxito, escuchó el tema de la mano del productor Rick Jarrard y decidió incluirlo en su álbum, Aerial Ballet, publicado en 1968. Pasó sin pena ni gloria hasta que formó parte de la película, protagonizada por Jon Voight y Dustin Hoffman.

“Everybody’s talking at me

I don’t hear a word they’re saying Only the echoes of my mind

People stopping, staring I can’t see their faces Only the shadows of their eyes

I’m going where the sun keeps shining Through the pouring rain Going where the weather suits my clothes”.

(Todo el mundo me habla,

pero no escucho ni una palabra de lo que dicen, sólo los ecos de mi mente.

La gente se detiene y se queda mirando, no puedo ver sus rostros, sólo las sombras de sus ojos.

Me voy hacia donde el sol sigue brillando a través de la lluvia torrencial, voy hacia donde el clima le queda bien a mi ropa)

En la canción el silencio no aparece como ausencia de sonido, sino como un acto interior de resistencia frente al ruido del mundo. El narrador está rodeado de voces pero decide no escucharlas; lo único que permanece es  la resonancia de su propia conciencia.

Las personas lo miran, lo juzgan o intentan detenerlo, pero sus rostros se vuelven irreconocibles, el viaje que describe funciona como una metáfora de escape: no es solo un desplazamiento físico, sino la búsqueda de un lugar interior donde el ruido social deja de dominar y aparece un silencio elegido, el único espacio donde el individuo puede conservar su amor, su memoria y su propia voz.

Hay una ironía más fuerte: sabemos que el silencio absoluto no existe.

El silencio encierra una paradoja: lo necesitamos para pensar y escuchar lo esencial, pero en realidad nunca existe de manera absoluta. Desde la física, el silencio total implicaría la ausencia completa de vibraciones, algo prácticamente imposible porque incluso en los lugares más silenciosos el cuerpo sigue produciendo sonidos, latidos, respiración, actividad interna; y el entorno conserva mínimos ruidos.

El silencio siempre murmura. Lo único posible es apartarse del ruido que no nos pertenece.

Decidimos no escuchar, no acallamos al mundo, nos distanciamos de él. El verdadero silencio no ocurre en el aire sino en la conciencia: es una decisión íntima, casi pastoral, como caminar lejos del bullicio hacia un paisaje donde la mente, al fin, puede oír su propio eco.

 

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