
Muchos veteranos de la guerra de Vietnam sufrieron trastorno de estrés postraumático (TEPT), una condición que los sumía repetidamente en los horrores del pasado.
Experimentaban flashbacks vívidos, reviviendo combates, explosiones y la muerte de compañeros, como si ocurrieran en tiempo real; pesadillas recurrentes que interrumpían su sueño y los dejaban exhaustos.
Tenían además una ansiedad constante, un estado de alerta que convertía cualquier ruido fuerte o movimiento inesperado en una amenaza percibida.
Estos síntomas no solamente los atormentaban en soledad, sino que también interferían con su vida cotidiana y sus relaciones, actividades simples, se sentían insoportablemente tensas y cargadas de miedo.
Ron Kovic, un joven de Long Island, no fue la excepción. Él se había alistado voluntariamente en el Cuerpo de Marines y al regresar escribió el libro “Nacido el 4 de julio”, su autobiografía publicada en 1976.
La obra narra su vida desde la infancia hasta su experiencia como soldado en la guerra de Vietnam, donde participa en combates violentos y resulta gravemente herido, quedando parapléjico. El libro describe con crudeza la muerte de compañeros, la desesperación y la brutalidad de la guerra.
Al regresar a Estados Unidos, Kovic enfrentó una sociedad dividida y hostil hacia los veteranos, lo que generó incomprensión, rechazo y frustración mientras lucha por adaptarse a su nueva condición física.
Se convirtió en activista contra la guerra y conoció a Bruce Springsteen.
Springsteen consiguió una copia del libro en 1980 cuando estaba en un viaje por carretera a través del país con un amigo. Estaban a las afueras de Phoenix y Bruce lo encontró en una farmacia.
Unas dos semanas después, Springsteen estaba en Los Ángeles alojado en el hotel Sunset Marquis, donde, sorprendentemente, Kovic también se alojaba. Se encontraron en el área de la piscina y tuvieron una larga conversación. Él invitó a “El Jefe” a una visita al centro de veteranos a la que asistió. Su visión del cantante cambió de inmediato.
“Normalmente, soy bastante comprensivo con la gente, pero una vez que estábamos en el centro, no sabía cómo reaccionar a lo que veía. Hablar de mi vida con estos chicos parecía frívolo. Había gente sin hogar, problemas de drogas y estrés postraumático; chicos de mi edad lidiando con lesiones físicas que les cambiaron la vida”, relató.
Springsteen usó esas historias como base para la canción “Born in the USA”, que bien podía ser la continuación de “Fortunate Son” de Creedence Clearwater Revival que narra como los pobres eran elegidos para ir a Vietnam y no los hijos afortunados de los políticos.
“Las estrofas son solo un recuento de los acontecimientos. El estribillo es una declaración de tu lugar de nacimiento y del derecho a todo el orgullo, la confusión, la vergüenza y la gracia que conlleva”, explicó Springsteen, quien agregó que la canción se llamaría originalmente “Vietnam”.
Y un político la malentendió.
El entonces presidente Ronald Reagan la evocó durante su campaña de reelección en Nueva Jersey en 1984. Reagan dijo en su discurso:
“El futuro de Estados Unidos reside en mil sueños dentro de sus corazones. Reside en el mensaje de esperanza de las canciones que tantos jóvenes estadounidenses admiran: el mismísimo Bruce Springsteen de Nueva Jersey. Y ayudarles a hacer realidad esos sueños es de lo que se trata este trabajo mío”.
Springsteen explicaría después:
“Fue entonces cuando los republicanos dominaron por primera vez el arte de apropiarse de todo lo que pareciera fundamentalmente estadounidense, y si estabas del otro lado, eras, de alguna manera, antipatriota.
“Hago música estadounidense y escribo sobre el lugar donde vivo y quién soy en mi vida. Esas son las cosas por las que lucharé y lucharé”, explicó el cantante, quien rechazó a Chrysler, que le ofreció 12 millones de dólares para protagonizar una campaña publicitaria con la canción.
Las cicatrices físicas y mentales, que ningún discurso puede borrar, jamás serán entendidas por los gobiernos que miran a otros lados. Nos es nuevo que los políticos se apropien de la valentía y el sufrimiento de sus representados.
Ser crítico del país es también estar orgullos de él… la crítica siempre superará el discurso vacío, la ignorancia institucional y la hipocresía oficial.