Conocía el personaje de James Bond sin haber leído las novelas de Ian Fleming: un hombre de vicios que fuma, bebe cantidades ingentes de alcohol y mantiene rutinas estrictas para trabajando para el Servicio Secreto de Inteligencia Británica, más conocido como M16.
El personaje, para mí se volvió real, desde 1995, con la película de Goldeneye, protagonizada por Pierce Brosnan. Me atrajo la personalidad del personaje hasta que los filmes se volvieron exagerados, irreales y era una presentación sucesiva de situaciones imposibles y efectos especiales.
Hasta que llegó a encarnar el personaje Daniel Craig en “Casino Royale”. Debo reconocer que el personaje cambió completamente y se acercó más a los libros. Un espía que es golpeado, llevado al límite de su trabajo y, por momentos, con algunas crisis personales.
Mi película favorita es Skyfall de 2012 que plantea a un Bond enfrentado no tanto a un villano externo, sino a su propio pasado y al declive de las instituciones que representa. Luego de darlo por muerto, el agente 007 regresa debilitado y cuestionado.

La trama lleva a Bond Bond a Skyfall, la finca de su infancia en Escocia, donde se libra el enfrentamiento final. Allí, Bond acepta su vulnerabilidad y redefine su lealtad: no a un edificio ni a una tecnología, sino a las personas y al deber. Un relato sobre obsolescencia, memoria y resistencia. Es seguir adelante todo lo que te definía está en ruinas.
La canción que acompaña la película lleva el mismo nombre y es interpretada por Adele.
“Al principio dudé un poco en involucrarme con el tema de Skyfall. Hay mucha atención inmediata y presión cuando se trata de una canción de Bond. Pero me enamoré del guion (…), estoy segura de que a los 60 años me estaré peinando el cabello y diciéndole a la gente que alguna vez fui una chica Bond”, relató Adele.
Adele leyó el guion completo antes de aceptar el encargo. “Skyfall” encabezó las listas de sencillos en al menos 15 países, entre ellos Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Polonia y Corea del Sur.
“Skyfall” trata del momento en que el mundo conocido colapsa, instituciones, vínculos, certezas y aun así alguien decide permanecer en pie. La letra gira alrededor de la caída, no como derrota, sino como prueba: cuando todo se viene abajo, lo único que queda es quién eres y a quién eliges proteger. No hay triunfo heroico, hay resistencia compartida.
La canción evoca muerte y renacimiento. Hay un tono funerario, casi de réquiem, pero también de continuidad. Dignidad frente al desastre… estoicismo.
El estoicismo es una filosofía práctica de vida nacida en la Antigua Grecia (que propone algo tan simple como exigente: aprender a vivir bien aceptando lo que no podemos controlar y actuando con virtud sobre lo que sí.
Para los estoicos, la fuente del sufrimiento no es lo que nos ocurre, sino cómo interpretamos lo que nos ocurre. Por eso ponen el énfasis en el dominio de uno mismo, la claridad mental y la responsabilidad personal.
No se trata de reprimir emociones ni de volverse frío. Al contrario: el estoicismo busca emociones bien entendidas, no negadas. El estoicismo no promete felicidad fácil ni consuelo rápido. Ofrece algo más sobrio y duradero: dignidad frente al caos, lucidez ante la pérdida y la capacidad de mantenerse en pie cuando el mundo no coopera.

James Bond se muestra así en esa película, acepta el dolor como parte del deber. No se victimiza, no se justifica, no dramatiza en exceso lo que pierde. Ama, falla, se equivoca, pero sigue adelante sin convertir la emoción en espectáculo.
Vive bajo una lógica muy estoica: controla lo que puede, su conducta, y soporta lo que no, la pérdida, la traición, la muerte).
A veces es necesario hacer lo correcto aunque el resultado sea adverso. No podemos exigirnos perfección emocional, sino conciencia y responsabilidad. No huir del dolor, sino cargarlo, no convertir la pérdida en excusa sino en silencio.
Todo es transitorio como el hecho de aceptar lo que es y lo que vendrá apretando los labios.
