Hay escenas que me sorprende y me enternecen de mis padres.

Mi mamá, derivado de unas convulsiones, mantiene su salud en un equilibrio muy delicado: hay días buenos, hay días malos. Mi padre ha estado para ella precisamente en estos últimos.

¿Cómo? Desde mil perspectivas, opiniones y hasta enojos, pero siempre con un gesto. Colocar su frente en la cabeza de mi mamá y susurrarle que todo estará bien. La escena dura apenas unos segundos y para mi la enseñanza es muy valiosa.

El verdadero amor existe.  Más tarde explicaré el porqué.

Porque en esa escena recordé que hace años a mi papá le gustaba “True Love” interpretada por Elton John Y Kiki Dee.

Esta canción fue escrita por Cole Porter e interpretada por Bing Crosby y Grace Kelly en la película de 1956 “High Society”, que también contó con la participación de Frank Sinatra y Louis Armstrong.

Elton John y Kiki Dee grabaron esta canción para el álbum Duets de 1993.

Fue la reunión de Elton y Kiki, quienes habían triunfado con el popular éxito “Don’t Go Breaking My Heart” en 1976.  Aunque habían pasado 27 años desde entonces, seguían teniendo una gran química y al público le encantaba.

Durante la promoción de la canción, Kiki Dee reveló que se había enamorado de Elton John en 1976, pero que él no le correspondía por razones que hoy resultan más evidentes. Sin embargo, se hicieron buenos amigos.

El verdadero amor existe porque no depende de la perfección, ni de la comodidad, ni siquiera de los días buenos. Existe cuando alguien decide quedarse, una y otra vez, incluso cuando la vida se vuelve difícil, incierta o frágil.

No es un sentimiento que aparece solo en los momentos felices, sino una decisión profunda de cuidar al otro, de acompañarlo cuando el mundo pesa más.

Por eso la escena de mi padre dice más que cualquier discurso.

Mi padre no está resolviendo el problema médico ni cambiando el destino en ese instante; está haciendo algo más poderoso: recordarle a tu madre que no está sola.

Ese gesto de apoyar la frente y susurrar calma es una forma silenciosa de promesa: “sigo aquí”.

El verdadero amor existe porque los seres humanos tenemos la capacidad de reconocer la vulnerabilidad del otro y responder con ternura en lugar de huir.

 Y cuando eso ocurre, en medio de convulsiones, cansancio, discusiones o años compartidos, el amor deja de ser una idea romántica y se convierte en algo mucho más profundo: una forma de lealtad cotidiana.

Lo que veo diario no es sólo amor.
Es compañía frente al miedo.
Y quizá esa sea la forma más verdadera de amar.

 

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