Hay cuerpos que no se desean acariciar, sino habitar. No basta con recorrerlos, aprender sus curvas, reconocer sus cicatrices o descubrir el lugar exacto donde una caricia les altera la respiración.
Existe una necesidad más profunda, más primitiva, casi desesperada: entrar en ellos, disolverse en su temperatura, borrar la frontera absurda que separa una piel de otra.
Incluso aquello que considera imperfecto adquiere una belleza insoportable: una estría, una cicatriz, la ligera asimetría de sus senos, el pliegue que aparece en su vientre cuando se sienta.
Surge entonces el deseo de memorizar cada centímetro con la boca, de cerrar los ojos y reconstruir ese cuerpo sin equivocaciones, como si algún día fuera a desaparecer y sólo pudiera conservarse aquello que los labios alcanzaron a aprender.
“Still Remains” de Stone Temple Pilots, de su álbum Purple, describe todo los extremos de la devoción, la obsesión y de trascender incluso la muerte.
Scott Weiland, el vocalista de la banda, escribió esta canción sobre Janina Castaneda, con quien se casaría más tarde.
Es una canción romántica sobre estar tan enamorado de una persona que uno desea estar con ella incluso después de la muerte; Weiland incluso quiere beber el agua de su baño.
“Pick a song and sing a yellow nectarine
Take a bath I’ll drink the water that you leave
If you should die before me ask if you can bring a friend
Pick a flower, hold your breath
And drift away”(Elige una canción y cántale a una nectarina amarilla.
Date un baño, beberé el agua que dejes.
Si mueres antes que yo, pregunta si puedes llevar a un amigo.
Recoge una flor, contiene la respiración y déjate llevar)
Una bañera todavía tibia después de que alguien ha salido de ella puede despertar una necesidad inexplicable de sumergirse en la misma agua, de beberla, de incorporar al propio cuerpo aquello que estuvo en contacto con la piel deseada. No se trata de sed. Es el intento absurdo de prolongar una presencia mediante sus residuos.
“She holds my hand, we share a laugh
Sipping orange blossom breezes
Love is still and sweat remains
A cherished gift unselfish feeling”(Ella toma mi mano, compartimos una risa, mientras saboreamos brisas de azahar.
El amor permanece inmóvil y el sudor perdura,
un regalo preciado, un sentimiento desinteresado)
Lo insoportable es que nunca se consigue estar suficientemente cerca. Quizá por eso sobreviven los detalles que ninguna historia de amor considera dignos de contar. Son pequeñas evidencias de una intimidad que jamás volverá a repetirse de la misma manera. Y cuanto más tiempo transcurre, más desconcertante resulta su permanencia.
Los cuerpos envejecen, aprenden otras caricias, duermen junto a otras personas. La vida se llena de nuevos olores, nuevas bocas, nuevas formas de placer. Pero ciertas zonas de la piel parecen conservar una fidelidad independiente de la voluntad.
Porque existen amores que no desean conservarse en la memoria. Aspiran a permanecer debajo de la piel, mezclados con la sangre, respirando dentro de otro cuerpo.
