En 2011 tuve la oportunidad de visitar Auschwitz, el campo de exterminio en Polonia, cerca de la ciudad de Oświęcim, en territorios que estaban ocupados por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

No tuve la oportunidad de conocer la ciudad, pues llegué por tren y los campos de exterminio quedaban más cerca que el centro de la ciudad.  Nadie está preparado para lo que vive dentro… y todo comienza con una puerta y la frase “Arbeit macht frei” (El trabajo libera).

Auschwitz es quizá el cementerio más grande del mundo… sin un solo cadáver: quedan sólo algunas cenizas en un pequeño lago en el complejo de Birkenau, el segundo complejo del campo.

Me quedaré en la puerta.

La puerta de Auschwitz, con el lema “Arbeit macht frei”, fue instalada en 1940 por orden de las SS y se convirtió en uno de los símbolos más crueles del Holocausto, al representar la ironía y el engaño con el que los nazis recibían a los prisioneros.

Forjado por el cerrajero polaco Jan Liwacz, preso en el campo, el letrero incluye una “B” invertida como gesto de resistencia silenciosa frente a la barbarie.  Aunque el lema fue utilizado en varios campos de concentración para sembrar una falsa esperanza, en Auschwitz marcó el ingreso sistemático al horror hasta su liberación en 1945.

El letrero original fue robado en 2009 y recuperado posteriormente en tres piezas; hoy se conserva en el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, mientras que una réplica ocupa su lugar en la entrada, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Y todo esto llega a colación por la canción “Auschwitz” de Winter Family que ofrece una perspectiva extraña a lo sucedido en esos lugares: la mirada de ensueño de una pequeña.

Winter Family es un dúo musical nacido en 2004 de la colaboración entre la artista israelí Ruth Rosenthal y el músico francés Xavier Klaine. Su sonido se ha descrito como doom swing, funeral pop y weird wave: música densa, saturada, oscura y política, con textos recitados o cantados sobre acompañamientos de órgano, armonio, piano y sonidos ambientales

“Auschwitz” narra desde la perspectiva de una niña pequeña la repetida visión de personas muriendo dentro de una burbuja de nieve que ella observa como un juego:  una metáfora cruda y perturbadora que pone en contraste la inocencia infantil con la indiferencia frente al sufrimiento mortal del campo de exterminio.

“And inside that bubble, there was
a small fence with a little gate
that behind it there were small houses
And on that little gate there was a small sign,
Talking of the concept of connection between work and liberation,

(…) In those houses lived the tiniest people,
It was hard to see and there was a strange thing about them:
These people were dying
Every morning when I took that bubble
to play with there were dead people inside”.

(Y dentro de esa burbuja había
una pequeña valla con una puertecita,
y detrás de ella había casas diminutas.
Y en esa pequeña puerta había un letrero,que hablaba del concepto de la conexión entre el trabajo y la liberación.

(…) En esas casas vivían las personas más pequeñas.
Era difícil verlas y había algo extraño en ellas:
esas personas estaban muriendo.
Cada mañana, cuando tomaba esa burbuja
para jugar con ella, había personas muertas dentro).

La crueldad emerge cuando la voz infantil normaliza lo intolerable: personas diminutas muriendo cada mañana, cuerpos mal vestidos para una nevada eterna. No hay empatía, no por maldad, sino por aprendizaje.

El cierre es devastador porque no acusa, constata. Hay magia, hay nieve, hay belleza artificial… y hay gente muriendo en todas partes. El mundo funciona así, encapsulado, estético, repetible. El horror no necesita monstruos cuando puede presentarse como un objeto decorativo.

Y ahí queda la burbuja: un universo cerrado donde la tragedia es miniatura, donde el sufrimiento es paisaje y la conciencia no alcanza a romper el vidrio. Y eso es lo más inquietante: no la muerte dentro de la burbuja, sino la facilidad con la que aprendemos a agitarla… y seguir jugando.

 

Comentarios

Comentarios