¿Cómo era mi futuro en 1994, hace 32 años?

En ese momento aún no tenía certeza sobre a qué me dedicaría y, por ello, perdería un año de estudios para decidirlo. Lo que menos quería era entregarme a algo que no me gustara; mi mente oscilaba entre Derecho, Relaciones Internacionales y Comunicación.

En aquellos días pensaba que la mayoría de mis amigos serían eternos. Hoy solo tres personas siguen hablándome. A algunos de los demás, sinceramente, espero no volver a cruzarlos en lo que resta de mi vida.

Salía con una persona con la que, sin esperar nada del futuro, deseaba permanecer más tiempo que los seis meses que estuvimos juntos. La asesinarían en alguno de los dos años siguientes. Después de la ruptura no volví a hablar con ella, y eso lo lamento: nunca sabemos cuándo será la última vez que hablaremos con alguien.

Mis padres estaban completamente sanos en 1994: él viajaba a diario al otro lado del estado para trabajar y mi madre se dedicaba al hogar. Mi abuelo había muerto en febrero de ese año y mi abuela le sobrevivía. Hoy aún tengo a ambos padres; uno con las secuelas de cuatro convulsiones y el otro con un cuerpo que a veces le traiciona. Ambos se marchitan.

¿La música? Siempre había demasiada. No podía vivir sin ella como lo hago ahora. En aquellos días sonaba en la radio “Return to Innocence”, de Enigma, que hoy se escucha y se percibe de forma distinta.

Fue el primer sencillo de The Cross of Changes, el segundo álbum del proyecto de música electrónica/new age. Hay datos que desconocía entonces: la canción se basó en un canto taiwanés interpretado por Kuo Ying-nan y su esposa, Kuo Hsiu-chu, grabado en París en 1988 durante un intercambio cultural.

El canto sampleado fue objeto de demandas legales, y el caso se resolvió extrajudicialmente en 1999 por una suma no revelada. Como resultado, los cantantes Amis reciben hasta hoy el 100 % de las regalías correspondientes. Además, el patrón de batería toma como referencia la canción “When the Levee Breaks” de Led Zeppelin.

El videoclip, grabado en Málaga, España, inicia en blanco y negro con un anciano moribundo. Luego cambia al color mientras su vida se reproduce en reversa, hasta concluir con su bautizo como bebé. Un unicornio blanco, símbolo de inocencia y pureza, aparece varias veces galopando hacia atrás.

“Love
Devotion
Feeling
Emotion

Don’t be afraid to be weak
Don’t be too proud to be strong
Just look into your heart my friend
That will be the return to yourself
The return to innocence”

(Amor
Devoción
Sentimiento
Emoción

“No tengas miedo de ser débil
No seas demasiado orgulloso para ser fuerte
Solo mira dentro de tu corazón, amigo mío
Ese será el regreso a ti mismo
El regreso a la inocencia)

Dentro de otros 32 años, esa letra no sonará como una promesa, sino como una ironía suave y cruel. “Return to Innocence” no será un regreso real, sino una constatación: la inocencia no vuelve, solo se recuerda con una precisión dolorosa.

Para entonces, algunos nombres se habrán borrado sin ceremonia y otros permanecerán como cicatrices silenciosas. Los padres, inevitablemente, habrán dejado de ser presencia para convertirse en memoria: gestos heredados, frases que se repiten sin querer, ausencias que ocupan más espacio que las personas vivas.

La persona que hoy extraño quizá se diluya, no porque deje de importar, sino porque el tiempo transforma el amor en un eco más tenue, más distante, menos urgente y más melancólico. Los amigos se reducirán aún más, no por traición, sino por desgaste natural: la vida es una selección involuntaria, lenta e irreversible.

La existencia, vista desde el final, se contrae hasta volverse un instante. Tal vez ya no viva para entonces, pero la música seguirá flotando sobre el tiempo como si nada hubiera ocurrido, repitiendo la ilusión de retorno mientras todo, en realidad, avanza hacia el olvido con una calma bucólica y despiadada.

 

Comentarios

Comentarios