Hay lugares a los que uno llega demasiado tarde, cuando la belleza ha dejado de ser una promesa y se convierte en una forma silenciosa de la tristeza.

En este instante, ese mar sigue golpeando las mismas piedras, las cactáceas no se inclinan ante el viento y la luz de la tarde se derrama sobre los caminos desiertos. Todo parece permanecer intacto, salvo aquello que alguna vez nos hizo sentir parte del mundo… por un instante que en realidad era una promesa.

La naturaleza tiene esa crueldad involuntaria: florece sobre las ruinas, ilumina las ausencias y continúa su curso sin concederle importancia a nuestras pequeñas catástrofes. Hasta los paisajes más hermosos terminan pareciéndose a un cementerio cuando ya no queda nadie con quien contemplarlos.

Siguen ahí… solos sin esperarnos.

Fue la sensación que me produjo “Coastline” de Hollow Coves. La inspiración para ella es exactamente lo contrario.

Es una de las canciones más icónicas del dúo australiano de indie-folk. La canción refleja la necesidad de escapar de la rutina urbana y encontrar paz mental en la costa.

La canción fue escrita en su totalidad por los dos integrantes de la banda, Ryan Henderson y Matt Carins. Nació después de que ambos descubrieran que compartían una profunda obsesión por viajar por las carreteras costeras de Australia.

El proceso de composición fue inusual. Mientras daban forma a sus primeras canciones, ambos se encontraban en lados opuestos del planeta de viaje: Ryan haciendo snowboard en Canadá y Matt de mochilero por Europa.

Terminaron de estructurar los temas intercambiando ideas, audios y notas de voz a través de internet junto a su productor y amigo, Hayden Smith. Los músicos declararon que el tema busca conectar con la “nostalgia universal” de querer escapar de la rutina pesada y el ruido urbano hacia un estilo de vida mucho más simple, pacífico y conectado con la tierra.

La letra es, por demás, una promesa.

“And we will sleep by the ocean
Our hearts will move with the tide
And we will wake in the morning
To see the Sun paint the sky

I’m moving far away
To a sunny place
Where it’s just you and me
Feels like we’re in a dream
You know what I mean”

(Y dormiremos junto al océano,
nuestros corazones se moverán al ritmo de las mareas.
Y despertaremos por la mañana
para contemplar cómo el sol pinta el cielo.

Me estoy marchando muy lejos,
hacia un lugar bañado por el sol,
donde solo estemos tú y yo.
Se siente como si viviéramos en un sueño.
Sabes a lo que me refiero)

El presente nos ofrece imposibles.

Con los años uno descubre que partir no significa necesariamente alejarse, que existen distancias incapaces de separar aquello que permanece enterrado en la memoria. Hay despedidas que nunca terminan de pronunciarse y presencias que sobreviven mucho después de haberse extinguido.

Uno aprende a caminar entre los restos de lo que imaginó eterno, a reconocer los lugares donde alguna vez fue feliz y a comprender que la nostalgia no conserva el pasado: lo desfigura lentamente hasta volverlo inhabitable.

Todos los caminos conducen a alguna forma de soledad, y hasta el sol más generoso acaba hundiéndose detrás de las montañas.

Quedan los desiertos amarillentos, la sal sobre las ventanas, el rumor interminable del mar y esa melancolía de los días que nunca ocurrieron. Porque hay cosas que no mueren cuando terminan: permanecen, como la última claridad de un atardecer que ilumina que ya no existe, que nunca existió.

 

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