Y en un principio todo era Radio 6.20… la música que llegó para quedarse.

Si mi abuelo escuchaba su música favorita en una consola que aún es funcional y se encuentra empolvada actualmente, pero lista para reproducir discos de 33 y 45 revoluciones, mi papá fue fanático de los radios de transistores. De hecho, hay varios repartidos estratégicamente en varias habitaciones.

“No sintonizan igual”, es la irónica respuesta de mi padre cuando se le pregunta por qué no uno solo.

Lo cierto es que la mayor parte del día todos esos radios sintonizaban 6.20 de Amplitud Modulada y lanzaban esa “música que llegó para quedarse”. Eran demasiadas las orquestas, los grupos y las canciones que yo escuchaba cerca o lejos de donde estuviera mi padre. Para ese momento lo único que mi padre tenía era un set de tres discos azul con las canciones de la estación.

Así pude conocer el nombre de piezas magistrales: “Theme from a Summer Place” de la orquesta de Percy Faith, “Ruby Baby” de Dion, “Night and Day” con Eddie Duchin y… un compendio que llegaba a las 36 canciones en total.

Antes de que llegara a mi ese casete negro cuya historia narré en la primera nota de esa sección The Beatles: Cómo iniciaron los ecos del mundo invisible , fue esa radiodifusora que está ubicada en la Colonia Roma de la Ciudad de México, que transmite desde 1949 e, irónicamente, fue la primera estación de radio en el mundo hispano en tocar a The Beatles.

En 2015, cuando yo trabajaba en la Colonia Roma, mis padres me visitaron… a medias. Mi padre estaba muy interesado en conocer las instalaciones de la radiodifusora y adquirir más música. ¿El resultado? 12 discos compactos con canciones de Marie Laforet, The Turtles, Ricky Nelson, Ray Peterson, Santo y Johnny, Frankie Avalon y, ahora, cientos más. Esa música es nuestra favorita para cuando salimos de paseo o viajes cortos.

El pasado martes mi papá, con más años sobre sus hombros que lo hacen encorvado, regresó a Radio 6. 20 y no pudo ocultar la tristeza cuando salió: un trabajador le explicó que la música sigue en las ondas radiales, pero la pandemia frenó toda venta en físico.

De regreso de la Ciudad de México, mi papá pidió poner uno de esos discos compactos y de inmediato comenzó a reproducirse “Only The Lonely” de Roy Orbison, esa canción de 1960 que el cantante estuvo a punto de dar a Elvis Presley y a The Everly Brothers.

La canción es muy simple en su letra: un corazón roto porque nadie lo correspondió. En 1980, Orbison explicó que era una de las canciones más dolorosas escritas en tiempos felices.

“Siempre he estado muy contento cuando escribí todas esas canciones. Con esto quiero decir que mucha gente piensa que tienes que vivir algo antes de poder escribirlo; eso es cierto en algunos casos.

“Recuerdo las veces que estaba infeliz o descontento, y no podía comer, no podía dormir, no podía comunicarme, y ciertamente no podía escribir una canción, de ninguna manera. Todas las canciones que escribí que eran exitosos fueron escritos cuando yo estaba en un estado de ánimo satisfecho”, dijo en 1980 sobre la canción… que continúa en otra llamada “Lonely No More” con The Traveling Wilburys.

La tarde con mis padres en carretera se volvió la narración de muchas anécdotas, algunas ya conocidas por las veces que le gusta repetirlas, y algunas nuevas que me sorprenden porque complementan aquella como metáforas perfectas.

Solo Los Solitarios saben porque…

 

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