Hay una soledad que nos elige. Llega cuando alguien se va, cuando una relación termina, cuando dejamos de pertenecer a un lugar o cuando descubrimos que podemos estar rodeados de personas y, aun así, no sentirnos acompañados.

Después existe la soledad que elegimos. A veces porque necesitamos silencio; otras, porque hemos aprendido que estar solos duele menos que volver a perder a alguien. Y ahí la frontera se vuelve interesante: uno puede comenzar refugiándose en la soledad para sanar y terminar quedándose en ella para no arriesgarse.

¿En qué momento dejamos de estar solos porque alguien se fue… y empezamos a estar solos porque ya no dejamos entrar a nadie?

¿Cuántas veces decimos que elegimos la soledad cuando, en realidad, seguimos esperando que vuelva precisamente la persona cuya ausencia nos llevó hasta ella?

La soledad de mi auto, en medio del tránsito horrible, me ofreció “Ride Lonesome” del álbum homónimo de Beck. Todas las canciones llegaron como un oasis melancólico que me hizo olvidar lo que había alrededor para centrarme en la música y en mis pensamientos y mi forma de sentir en ese preciso instante.

A veces el verdadero infortunio no es que alguien desaparezca de nuestra vida, sino descubrir que su ausencia aprendió a vivir dentro de nosotros. Hay personas que se marchan y dejan algo peor que el vacío: una presencia invisible.

Pero la memoria no devuelve a nadie. Apenas conserva fantasmas. Podemos regresar mil veces al mismo instante, imaginar otras decisiones, reconstruir conversaciones que nunca ocurrieron y preguntarnos en qué momento comenzó el final.

Beck regresó el 18 de septiembre con Ride Lonesome, su primer álbum de material inédito en siete años, después de Hyperspace  de 2019. El disco recupera su vertiente más íntima y melancólica, aborda la pérdida, la soledad y la necesidad de continuar después de una ruptura.

La canción “Ride Lonesome”, presentada en abril como primer adelanto, establece el espíritu del disco: un viaje emocional marcado por la ausencia y la aceptación de que ciertos caminos deben recorrerse en soledad.

“She is gone
And you can’t put your arms ‘round a memory
You know it’s wrong
To turn your heart into your worst enemy

You got to ride lonesome”

(Ella se ha ido
y no puedes abrazar un recuerdo.
Sabes que está mal
convertir tu corazón en tu peor enemigo.

Tienes que recorrer el camino en soledad)

Olvidar tampoco es la verdadera despedida. Hay personas que nunca se van del todo: simplemente dejan de existir a nuestro lado y comienzan a existir dentro de nosotros.

Y quizá ésa sea la forma más cruel de perder a alguien: llevarla contigo y saber que  jamás volverás a alcanzar.

¿Cuánto de tu dolor pertenece realmente a su ausencia y cuánto a tu negativa a aceptar que eligió una vida donde tú ya no estás?

Si regresara mañana, ¿querrías realmente a la persona que es hoy o solamente intentarías resucitar a la que existe en tu memoria?

Si sabes perfectamente que no va a volver, ¿por qué una parte de ti sigue viviendo como si tuviera que encontrarte cuando regrese?

Es el camino de la soledad.

 

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