Somos ligeramente estúpidos.

No por falta de inteligencia, sino porque solemos comprender demasiado tarde lo que siempre estuvo frente a nosotros. Trabajamos como si el tiempo pudiera ahorrarse, acumulamos cosas como si fueran capaces de acompañarnos y perseguimos reconocimiento como si una corona pudiera protegernos de la soledad.

Nos convencemos de que descansar es perder el paso, de que amar puede esperar, de que mañana habrá tiempo para llamar, abrazar, mirar con calma o simplemente estar. Y así, mientras levantamos una vida que parece sólida desde afuera, dejamos que por dentro se vacíe.

“Slightly Out of Reach” es una balada de metal progresivo interpretada por el músico canadiense James LaBrie, mundialmente conocido por ser el vocalista principal de la legendaria banda Dream Theater. Está contenida en el álbum Elements of Persuasion.

Habla de un hombre que trabaja exhaustivamente. Logra acumular posesiones mundanas y reconocimiento, pero no tiene tiempo para descansar ni para estar realmente presente con sus seres queridos.

Al final del tema, el personaje envejece y se da cuenta de que las personas a su alrededor avanzaron y se alejaron, lo dejaron con sus posesiones materiales a punto de volverse polvo.

Como el título lo dice, la felicidad verdadera siempre estuvo “ligeramente fuera de su alcance” debido a sus propias elecciones.

“So much of the time you were not here
You looked on, but were not part of anything there
The days and the years have passed you
Now you’re old, all your worldly possessions
Crumbling…
Now all of your time is spent there
They moved on and they’re not part of anything here
The days and the years have passed you
And you’re old with your worldly possessions
All crumbling around you and all its glory”

(Gran parte del tiempo ni siquiera estuviste aquí.
Mirabas lo que ocurría, pero nunca formaste parte de ello.
Los días y los años pasaron de largo frente a ti.
Ahora eres viejo, y todas tus posesiones terrenales…
Se desmoronan.

Ahora todo tu tiempo transcurre ahí.
Ellos siguieron adelante y ya no forman parte de nada aquí.
Los días y los años pasaron de largo frente a ti.
Y ahora eres viejo, con todas tus posesiones materiales,
desmoronándose a tu alrededor, junto con toda su gloria)

La felicidad rara vez se esconde en un futuro espectacular. Pero somos ligeramente estúpidos y confundimos lo urgente con lo importante.

La vejez no perdona. No negocia con los pendientes ni devuelve las horas sacrificadas. Llega y pone todo en perspectiva: los títulos pierden brillo, las posesiones se deterioran, los aplausos se apagan y las personas que creíamos permanentes aprenden a vivir sin nosotros.

Lo más triste es que la felicidad quizá nunca estuvo lejos. Estuvo apenas fuera de nuestro alcance, no porque el mundo la negara, sino porque mantuvimos las manos ocupadas sosteniendo cosas menos valiosas. Y cuando por fin queremos alcanzarla, puede que ya no haya nadie al otro lado.

Por eso cada amanecer contiene una advertencia y una posibilidad: todavía estamos a tiempo de soltar algo, de volver, de elegir mejor. Porque envejecer es inevitable; llegar al final rodeado únicamente de aquello que acumulamos, no. Somos ligeramente estúpidos.

 

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