¿Por qué siempre buscamos aquello que está fuera de nuestro alcance?, dice la letra de “Windsurfer” de Roy Orbison.

Siempre trato de contestar esa pregunta desde la nostalgia de la pérdida: esa mezcla mezcla de afecto, calidez y tristeza por un tiempo o momento que ya no está o que simplemente no pudo ser posible… y ahora es imposible.

La pregunta parte de una contradicción profundamente humana: sabemos que algo está fuera de nuestro alcance y, precisamente por eso, parece adquirir más valor. En las relaciones ocurre con frecuencia.

Nos atrae quien no puede quedarse, quien pertenece a otra vida, quien aparece en el momento equivocado o quien sólo puede ofrecernos fragmentos de sí mismo.

La imposibilidad no siempre apaga el deseo; a veces lo alimenta, porque aquello que nunca llegamos a poseer por completo tampoco tiene oportunidad de decepcionarnos por completo.

Es el tema que desarrolla la canción contenida en el álbum Mystery Girl. Si bien su ritmo es alegre, que evoca a las temáticas de los Beach Boys, la profundidad de su letra nos habla de las pruebas contra nosotros mismos, de la imposibilidad de que alguien nos pertenezca para, a la par, pertenecer.

Hay algo oscuro detrás de esos sonidos: Originalmente, el tema fue concebido por Roy Orbison como una canción que hablaba directamente sobre el suicidio, antes de transformarse en la versión melancólica sobre desamor que conocemos hoy.

La canción fue una colaboración de Orbison con Bill Dees, coautor de su éxito “Pretty Woman”. Para finales de los ochenta llevaban 25 años sin componer juntos y decidieron hacerlo en una playa.

“Volvían con buenas canciones todos los días. De ahí surgió “Windsurfer”, la canción más popular del momento. “Windsurfer” era una canción sobre la muerte, cuyas partes más especiales decían: ‘Era temprano una mañana en una playa solitaria. Da-da-da-da. Y lo encontraron boca abajo en la arena’

“Y la siguiente letra también era un poco diferente. En fin, el windsurfista muere. Se la presentaron a Jeff Lynne, (corista), y le encantó. Él tocaba y decía ‘Me encanta, me encanta, me encanta. ¿Pero tiene que morir el windsurfista?’. Entonces Roy se suavizó y se le ocurrió una letra que, en cierto modo, era más al estilo Orbison”, narró el hijo del cantante.

“It was early one morning
On a lovely beach
He left a message and
He wrote it in the sand
Why do we always go for
Something out of reach?
Nobody ever really understands”

(Era temprano una mañana,
en una hermosa playa.
Él dejó un mensaje
y lo escribió en la arena.

¿Por qué siempre buscamos
aquello que está fuera de nuestro alcance?
Nadie llega realmente
a comprenderlo)

¿Por qué siempre buscamos aquello que está fuera de nuestro alcance? Quizá porque lo imposible nos permite imaginar sin límites. Una relación posible tiene que enfrentarse a la rutina, a los defectos, al tiempo y a la realidad; un amor imposible, en cambio, puede permanecer intacto en nuestra imaginación.

Lo construimos con encuentros breves, ausencias, recuerdos y posibilidades que nunca fueron comprobadas. No amamos solamente a una persona: también podemos terminar amando todo lo que imaginamos que habría ocurrido si las circunstancias hubieran sido distintas.

Y ahí está quizá lo más doloroso: algunas personas permanecen precisamente porque nunca pudieron ser nuestras del todo. Lo inconcluso tiene una extraordinaria capacidad para sobrevivir.

Una historia que termina puede convertirse en recuerdo; una historia que nunca consiguió terminar permanece como pregunta. Renunciar a esa persona significaría también renunciar a la vida que alguna vez imaginamos junto a ella. Son historias que no existen.

 

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