¿Qué obliga a un dublinés a abandonar el ruido de la ciudad para escuchar únicamente el mar? Glen Hansard pasó la infancia entre calles obreras de Dublín, dejó la escuela cuando apenas tenía 13 años y aprendió a cantar donde nadie regala aplausos: en Grafton Street. Sobrevivió como busker, uno de esos músicos que convierten la banqueta en escenario y el paso de los desconocidos en su primer jurado.

Quizá por eso, después de conquistar el mundo como líder de The Frames, de formar junto a Markéta Irglová una de las sociedades musicales más conmovedoras de este siglo con The Swell Season y de ganar un Óscar gracias a “Falling Slowly”, decidió volver al único lugar donde el éxito no significa nada: el mar.

Allí nació This Wild Willing. No como un disco concebido entre paredes insonorizadas, sino como una conversación con el Atlántico. Hansard buscó que el viento, el oleaje y el silencio dejaran de ser paisaje para convertirse en materia musical. Hay álbumes que utilizan la naturaleza como inspiración; éste permitió que la naturaleza participara en la composición. Por eso resulta tan difícil separar las canciones de ese horizonte húmedo que parece respirarlas.

“Time Will Be a Healer” ocupa un lugar especial dentro de ese universo. No busca explicar el dolor ni domesticarlo. Lo observa igual que el mar observa una roca: con paciencia infinita, sabiendo que el desgaste también es una forma de transformación.

“Time will be a healer.”
(El tiempo será un sanador)

En cualquier otro compositor esa frase correría el riesgo de sonar complaciente. Hansard la rescata porque la canta desde la incertidumbre. No hay una sola sílaba que suene convencida. Su voz, áspera, erosionada por años de escenarios y calles, convierte esa línea en una pregunta disfrazada de afirmación.

Ese desgaste viene de lejos. Antes de los premios, antes de “Once”, antes incluso de convertirse en el guitarrista Outspan Foster en The Commitments, Hansard ya entendía que la música debía sostenerse por sí sola, sin escenografía. Esa filosofía permanece intacta aquí. La guitarra acústica parece llevar sal en las cuerdas; no busca melodías impecables, sino texturas capaces de transmitir cansancio, resistencia y una extraña serenidad.

“Hold on, though the night is long.”
(Resiste, aunque la noche sea larga)

La canción nunca levanta la voz para ofrecer consuelo. Prefiere quedarse en un mismo nivel emocional, como las olas que regresan una y otra vez sin prisa. Ahí reside su misterio. Hansard comprendió que el duelo no necesita un clímax; necesita espacio para respirar.

Hoy esa escucha también está marcada por la ausencia. Glen Hansard murió dejando una de las obras más honestas del folk contemporáneo, y “Time Will Be a Healer” adquiere una resonancia distinta. No porque se trate de una despedida premonitoria, sino porque confirma la coherencia de un artista que pasó la vida persiguiendo la verdad antes que la perfección. Desde las aceras de Grafton Street hasta el Óscar por “Falling Slowly”, jamás dejó de cantar como aquel muchacho que entendió que una guitarra basta cuando la emoción es auténtica.

En Sonografía, esta pieza deja una certeza: Hansard no fue al mar para encontrar canciones. Fue para comprobar si el océano era capaz de decir en voz alta aquello que él llevaba toda la vida intentando cantar.

Buen viaje, Glen.

 

 

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