La pregunta era muy sencilla, ¿El Presidente de México consideraría utilizar el cubrebocas luego de tener covid-19? La respuesta de Andrés Manuel López Obrador fue más simple, el rencor.

Antes de las 7:00 horas de este lunes, había expectativas, algunas sin duda escondidas en el morbo, de ver el regreso del servidor público federal a las conferencias matutinas; más allá de su imagen, había una pregunta válida ante su salud, los contagios y fallecidos en México por el virus ¿se cambiaría la estrategia? ¿López Obrador aceptaría ese utensilio que evita la contaminación microbiológica?

El replicato del tabasqueño, ante esas preguntas, fue una diatriba política con una esencia de hostilidad y resentimiento a todo aquel que considera contrario… sin que nadie se lo preguntara.

“Sí nos afecta mucho, desde luego, la pandemia de covid-19, pero lo que más nos ha afectado y nos seguiría afectando, si se detiene la transformación, es la peste de la corrupción. Eso es lo que más ha dañado a México, eso es lo que ha dado al traste con todo, esa es la causa principal de la desigualdad social, de la desigualdad económica”, contestó el Presidente de México.

Nadie le había preguntado eso.

López Obrador continuó su monólogo: condonación de impuestos del supuesto periodo neoliberal, cuidar al  pueblo, el “padecimiento” de los diarios de circulación nacional Reforma y El Universal, Carlos Salinas de Gortari, pozos petroleros, las revistas Letras Libres y Nexos.

“Son muy corruptos, los conservadores son muy corruptos; además de que su doctrina es la hipocresía, tienen como distintivo el que son muy ambiciosos, su dios verdadero es el dinero”, continuó.

 Nadie  le había preguntado eso… tampoco de elecciones.

“Ellos son los que recomendaron que se unieran todos en contra de nosotros para que no ganáramos en la próxima elección el Congreso. ¿Y por qué no quieren que ganemos el Congreso? Bueno, porque quieren seguir manteniendo al régimen de corrupción”, expresó el representante de los mexicanos.

Nadie había preguntado eso.

 El resentimiento siguió: si se contagió fue porque no puede vivir encerrado, no puede quedarse en casa como lo han recomendado el sector médico en el mundo ante el coronavirus.

Alguien preguntó, en dos ocasiones la misma interrogante, Carlos Tomasini de Código Libre, que en las siguientes horas recibiría mensajes ofensivos en sus redes sociales:

– ¿Usted va a usar el cubrebocas?, preguntó el reportero.

– “No, no, ahora ya además, de acuerdo a lo que plantean los médicos, ya no contagio”, contestó en un mensaje más cercano a la creencia necia que a la ciencia médica.

“Al hombre resentido, los valores se le siguen presentando según la cualidad objetiva de ‘alto’, ‘superior’, ‘bueno’, etc., pero por su tendencia a rebajarlos o empequeñecerlos, no los reconoce según el rango jerárquico intuido por el sentimiento valorativo. Lucha interiormente por permanecer en un mundo de apariencias en donde los valores superiores quedan recubiertos por los valores ilusorios, perdiendo la fuerza para ir más allá y percibir lo que objetivamente son”, expresa el Doctor en Filosofía, Ricardo Gibu Shimabukuro.

¿De dónde nace el rencor de López Obrador luego de una victoria apabullante e histórica con 30 millones de votos que lo apoyaron y con el Poder Legislativo con la mayoría de su partido Morena? ¿Cómo mantener la hostilidad durante 801 días que han pasado de su gobierno sin que amaine ante su propia victoria? ¿Quién es el verdadero adversario de López Obrador si no López Obrador que encamina su administración a nulificarse en repartir culpas diariamente sin ofrecer soluciones?

Hay enfermedades que no se curan, el rencor en López Obrador no vislumbra sanidad, lo alimenta diariamente y la consecuencia es un México divido. Su rencor ahoga, es un caudal cuyos arroyos son de odio fértil.

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